Pasajeros.

martes, 11 de febrero de 2014

Gracias

Hoy quiero brindar por "el siempre". El único que te da la gente que SIEMPRE está. Cuando te encuentras peor que un náufrago en una isla desierta, de repente aparecen ellas, ellos, como de la nada, saliendo de cada una de las palmeras de la diminuta porción de tierra en medio de un asombroso y enorme mar. Salen, y te escuchan, y te dicen la verdad, aunque duela, y te dibujan una sonrisa porque solo ellos tienen el lápiz adecuado para hacer el trazo perfecto, ése que hace que sea imposible de borrar, ni aún habiendo miles de lágrimas por segundo deslizándose por tus mejillas, ya empapadas de tanto pensar.
Y son esos momentos en los que piensas de veras que sería difícil avanzar si no fuera por los motivos que se presentan en forma de personas. Y sí, me sobran dedos para contar esos motivos con mis manos, pero también me sobran las ganas de tener más. 

Gracias a los de hoy, y a los de ayer. Gracias, a los de siempre y a los de ahora. Gracias a las verdades y a la objetividad. Gracias al entendimiento y a la comprensión. Gracias por quererme. Gracias por abrazarme. Gracias por coger el teléfono, cuando sea. Gracias, a vosotros, por estar, simplemente por estar. No habrán en mi vida momentos suficientes para poder devolveros todo lo que me habéis dado.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Halo

Recuerdo el aura que rodeaba tu ser, como si de una luz al final del túnel se tratara. 
Y recuerdo cada segundo de oscuridad que, sin más dilación que la necesaria para pensar, me marcó el camino con migas de pan tan duras que ni el más mendigo se atrevería a robar. 
Y así, con el tiempo, se hicieron  más férreas las vallas que, por paradójico que pueda parecer, extendían tu felicidad de manera insospechable.
Es cierto, no acompaña una melodía de piano cada vez que tu pie derecho toca sigiloso el camino, a veces empedrado. 
Pero la sensación de estar flotando cada vez que nota tu respiración cerca, muy cerca, hace estremecer hasta al más valiente de los hombres. 
Dará igual cuántas piedras tenga que saltar, si las ganas de levantar valen más que el miedo a tropezar
Porque aquí, ni se comen perdices ni se espera al final del cuento para ser felices.